Votaré el próximo domingo

Una llamada a participar en las elecciones europeas del 25 de mayo

Acudiré a votar el día 25. Hay partidos que parecen no querer que vayamos a votar mientras muchas personas manifiestan que para qué votar si los políticos son unos corruptos y la política es nefasta. He ahí la trampa, inducir a «confundir la parte por el todo», señalar a la política como culpable cuando los causantes son algunos políticos. Pero no hay confusión, hay intención. Y la suya es que vote el menor número de electores posible. Así los «presuntos» perdedores de sufragios minimizarán la derrota y quitarán importancia a unos comicios que sí son importantes.

Siete décadas después de aquel desastre que llevó a María Zambrano a publicar «La agonía de Europa» y al transilvano Emil Cioran a advertir que la civilización estaba «exhausta», que no había suficiente energía para salvar a la Europa sembrada de muertos, nos convocan con una campaña electoral plena de intencionada desgana. Y están en juego significativas decisiones y el posible quebranto del monolitismo bipartidista que maneja la unión desde hace tiempo. Creo que es la hora de lograr que las grandes formaciones, que conseguirán gran número de actas para llenar el hemiciclo, se vean obligadas a recurrir a las fuerzas minoritarias para gobernar el continente.

No acudir a votar no significa que a uno le da igual quien gane o sostener el catastrofismo de que gane quien gane todo seguirá igual. No votar representa el triunfo de los euroescépticos, de quienes no quieren Europa, de esa Europa que, aunque hayamos despilfarrado su contribución, nos ha traído mucho progreso. Si no votamos ganarán seguro los que nos han llevado al desastre actual, los que han permitido enriquecimientos con los sobrecostes de las obras, quienes consienten gobiernos cada vez más laxos con la democracia, quienes predican la salida de la unión, la expulsión de los inmigrantes, el rescate de las grandes corporaciones antes que de las personas. Y de quienes nos han llevado a la crisis actual.

Defiende Miguel Ángel Aguilar que los que acabo de mencionar nos quieren llevar «hacia una nueva modalidad de elecciones sin votantes o con cuantos menos votantes mejor». Y lo dice porque con una gran abstención alcanzar un 13% de los votos sería suficiente para gobernar una Europa de más de 413 millones de electores. Al tiempo de que debemos tener presente que no votamos para que gobiernen unos candidatos españoles que realicen la misma política que han aplicado en España sino a unas candidaturas presentadas por acuerdos de las diversas fuerzas políticas e ideológicas del continente. Y también que gobernará Europa o el conservador Jean-Claude Junker o el socialdemócrata Martin Schulz pero que según el mayor o menor número de votos que reciban necesitarán el apoyo de otras formaciones (rojos, verdes, violetas, azules?) para gobernar. Y, asimismo, que el blanco y el negro (en el voto) no son colores y no influirán en el futuro gobernante. Equivalen a abstenerse.

En fin, iré a votar porque ésta será la primera vez que mi voto influya en la elección del nuevo presidente ya que por primera vez será el Parlamento Europeo quien designe al jefe del Ejecutivo. Y lo probable es que no haya componendas entre partidos si no hay un claro vencedor sino coaliciones o acuerdos de gobernabilidad para dirigir y realizar la política continental. Por lo que la debilidad político-económica que pesaba sobre la Comisión saliente desaparecería o disminuiría notablemente. Por eso hay que acudir a votar el domingo 25 de mayo.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el martes 20 de mayo de 2014

http://suscriptor.lne.es/opinion/2014/05/20/votare-proximo-domingo/1587513.html

 

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