Breve despedida a una centenaria de una estirpe llena de vitalidad
Disfrutaste, Áurea, de 105 primaveras. Una frase con que te describía cuando le contaba a la gente tu vitalidad tras cumplir el siglo era ésta: «Corría más que yo». Áurea Martínez-Cué, con sus 104 años cumplidos el pasado invierno, era el paradigma de la actividad.
Pequeña, nerviosa, habladora, se preocupaba por su pueblo, Barro, al que siempre reivindicaba ante los medios. «Fernandín, a ver si escribes algo que nos están destruyendo El Bau», «Pon algo en el periódicu sobre la fiesta de san Roque», «Cuenta lo guapa que es la verbena de las Bruxas», me decía cada vez que nos veíamos.
No paraba. Con sus 104 años, iba y venía a/de la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores de Barro para preparar las flores, ropajes y demás cosas para misas, bautizos, comuniones o funerales. Y sobre todo para la fiesta de San Roque. Era la animadora de la danza prima, de que las aldeanas que iban a la procesión del santo peregrino luciesen sus galas.
Áurea pertenecía a una estirpe de longevas, era la tercera de las cuatro sobrevivientes al siglo, tras su hermana Charo, que vivió 106 años, y su hermana Ángeles, que presumió hasta los 108. ¡Qué familia dejaron Rosario y Ricardo! Porque aún queda otra centenaria en la familia Martínez-Cué, Mercedes, a punto de cumplir los 102.
Que en paz descanses, Áurea. ¡Larga vida, Mercedes!
Publicado el jueves 13 de junio de 2019 en LA NUEVA ESPAÑA
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