El arte en vivo y el riesgo de estampidas como la de Platja d’Aro
La espontaneidad corre peligro. Son tales los manejos y la paranoia que nos rodea que hasta los flashmob y performances o arte en vivo empiezan a ser considerados peligrosos. Otra gran idea que nos han contaminado. Ya sea por descerebrados o por propagandistas aprovechados. Una pena. Lo de Platja d’Aro es el ejemplo más cercano.
Cuando hace unos seis años la Asociación Gayarre Amigos de la Ópera de Navarra, para celebrar el Día Europeo de la Ópera, obsequió con pequeñas piezas cantadas por «camareros» a los clientes del añejo café Iruña de Pamplona sus imágenes se hicieron virales a través de las redes sociales. Un vídeo reflejaba la espontaneidad de la actuación en un momento en el que el veterano establecimiento estaba a rebosar, la sorpresa de los clientes mayores y las sonrisas y caras alegres de los jóvenes. Mostraban la buena acogida de la sorpresiva actuación al tiempo que extendía el reconocimiento de esa musical asociación.
Tiempo más tarde otro vídeo difundido por internet dio a conocer al mundo virtual la sorpresa de los aburridos viajeros que esperaban sus vuelos en el aeropuerto de Atenas. Los componentes de la Orquesta de Cámara de Siero deleitaron a quienes pululaban por la terminal de salida del Heraklion ateniense con una música griega popular, el «Zorba el griego» de Mikis Theodorakis, incorporándose poco a poco los músicos asturianos hasta completar la composición. Y así fueron brotando flashmob realizados en cualquier parte del planeta. Un mercado de Valencia, una histórica estación ferroviaria de Francia, una célebre plaza de Bruselas, otra de Buenos Aires, emblemáticos centros de Amsterdam, de Nueva York, de Berlín? fueron apareciendo en YouTube, en Facebook, en las distintas redes de comunicación popular. Unos presentaban actuaciones musicales, otros bailes y repentinos saltos de jóvenes animosos en calles de cualquier continente. Alegría con invitación a participar a las gentes que estuviesen en el lugar. Era una forma de llevar a la calle «Fama», la exitosa serie de televisión.
La música es generalmente conocida, piezas de ópera de Verdi, o el Bolero de Ravel, los sirtakis de Theodorakis, canciones de películas famosas y hasta himnos y pasacalles populares. También se ven singulares actuaciones circenses y trucos de malabarismo en parques y paseos de distintas ciudades. Espontáneos o trabajadamente preparados, los flashmob surgen para el entretenimiento de la gente, sin ánimo lucrativo o, en algunos casos, como un atractivo sistema propagandístico subliminal. Algo para contemplar, fotografiar y admirar durante un rato. Y lo mismo ocurre con algunos performances. La periodista donostiarra Esther Ferrer, Premio Nacional de Artes Plásticas 2008 y Premio Velázquez de Artes Plásticas 2014, es una artista de la performance que ya demostró su rebeldía cuando estudiaba pero no la traslada a sus actuaciones y sólo aplica en ellas su arte.
Pero ha llegado el deterioro. Lo ocurrido hace unos días en Platja d’Aro fue más una performance que un flashmob, pero la ocurrencia de las jóvenes alemanas y su pandilla campista careció de un estudio riguroso de la situación. Localidades como ésta, Sant Feliu de Guixols y otras cercanas en lo más concurrido de la Costa Brava son las menos adecuadas para convocar una actuación de este estilo. Carreras y gritos pueden producir mucho jolgorio y diversión pero también peligrosas estampidas.
Publicado el sábado 13 de agosto de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA
http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/08/13/flashmob-performances-mal-entendidos/1969671.html