Las promesas y vaivenes de los políticos cuando se aproxima una cita con las urnas
Las campañas electorales me encantan porque en ellas te conminan a ver el país ideal en el que vivimos. Y sueñas, como Alicia, con «el país de las maravillas» que llegará tras el escrutinio de las votaciones. Aunque luego no encuentres en la vida «el país de Nunca Jamás» de Peter Pan. De todas formas disfrutas por las mañanas al leer en los periódicos las magníficas propuestas de los candidatos para que les concedas tu voto. Claro que al terminar el café matinal y enfrentarte al día a día la realidad es muy distinta. Parecida, para muchos, a un cuento de Dickens.
«Hasta el 25 de mayo no te quites el sayo», parece haberles dicho Mariano Rajoy a sus casi seiscientos cargos populares, casi mudos, en la reciente convención tras la Semana Santa. Y creo que lo dijo para evitar que sus candidatos no disimulen su pertenencia al partido, como hacen quienes se presentan encabezando feudos como Madrid, Extremadura o la Comunidad Valenciana. Unos por recurrir a unos mítines personalistas y casi sin siglas, otros por utilizar audiovisuales raperos en los que el partido se diluye entre la música, por ejemplo.
Existen formaciones que se olvidan de que existen medios de comunicación con hemeroteca o videoteca y proclaman lo contrario a lo que dijeron en fechas bastante recientes. Así, en su día defendieron la construcción de la red ferroviaria de Alta Velocidad Española (AVE) cuando ésta llegaba a su tierra y porque es «la mejor manera de vertebrar España y de combatir el separatismo». Y ahora pretenden reducir de forma «muy sustancial» su programada construcción. Claro que en Asturias sí tenemos hemerotecas y esperamos la llegada del AVE.
Hay también algún político que en tiempos perteneció a cierto ejecutivo autonómico o simpatizó con alguno de esos gobiernos que disfrutan de ciertas «ventajas» constitucionales y que ahora, en otra alineación política, rechaza esa prerrogativa de la que ya no goza. También los hay que disimulan o tratan de esconder su pasado en otro partido, su participación en una coalición, en ocasiones bastante opuesto a su prédica actual.
Los hay atrevidos que anuncian que van a enseñar a los pescadores a pescar, que le sacan parecido burlesco a un competidor con el Naranjito del 92 o que dicen de un colega rival, que utiliza un lenguaje suave y sin estridencias, que «huele a Nenuco». En el año más electoral de los últimos tiempos hay quien se pone a jugar con su tableta en pleno examen del ejercicio ejecutivo y en la tribuna presidencial y se atreve a descalificar al rival. En fin, hay portavoces que tienen un sentido del humor tan nefasto que utilizan las tendencias sexuales para intentar descalificar al contrario o contraria y pronunciar frases como «lo que le molan son los dedos de los condenados por acoso sexual, si le sirven para conseguir el poder?».
Y si nos fijamos en la elaboración de las listas y colocación de los candidatos las fugas, expulsiones y divisiones han sido en los últimos momentos una canción muy oída. Los preparativos electorales son un cúmulo de controversias que en algunas formaciones han representado un verdadero desastre y han cambiado varias veces de candidatura en pocas semanas.
Pero lo bueno de las campañas electorales es el ideal. Van a crear cientos de miles de puestos de trabajo, bajar los impuestos, a desterrar la miseria, bajar el IVA? Las campañas electorales me encantan. Pronto nos llevarán a nuestro soñado país ideal.
Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el viernes 17 de abril de 2015
http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/04/17/pais-ideal-campanas/1742697.html