El deterioro del medio ambiente en el gigante amarillo
Los ciudadanos chinos que viven en sus grandes poblaciones tienen serios problemas para respirar. La industrialización intensa impuesta para llevar al país al siglo XXI no respeta el medio ambiente y el aire soporta una polución altamente tóxica para el ser humano. Según fuentes de la Organización Mundial de la Salud los niveles de contaminación en Pekín (o Beijing), con demasiada frecuencia, sobrepasan hasta 40 veces los límites del índice de calidad del aire. Veneno puro. Ante las protestas internas y la pésima propaganda que trasciende por ello al exterior, desde fechas recientes el Comité Central ha colocado en el Gobierno un Ministro del Medio Ambiente.
El planteamiento es a largo plazo, como todo lo que planea y decide la cúpula gobernante. Expertos en la política china vaticinan que su Ministerio de la Protección del Medio Ambiente (MEP), de momento, tiene poco poder para hacer cumplir las leyes existentes y necesita un mayor empuje para elaborar nuevas y severas normas ambientales. Chen Jining, el nuevo ministro de protección ambiental, se ha comprometido a perfeccionar la supervisión del MEP sobre los gobiernos locales y manifestó a los medios de comunicación que su departamento «no escatimará esfuerzos» para aplicar las nuevas leyes.
Por su parte, el Ministerio de Ciencia y Tecnología acaba de informar de la preparación de un nuevo plan quinquenal para «prevenir y controlar la contaminación del aire». Al tiempo que la Fiscalía Suprema planea una operación para los próximos veinte meses con el fin de combatir el «crimen ambiental», un programa para ejecutar desde este marzo de 2015 hasta diciembre de 2016. Y el Presidente Xi Jinping ha asegurado que va «a castigar con mano de hierro cualquier violación que destruya la ecología o el medio ambiente, sin excepciones».
Las intenciones son éstas, los hechos son distintos y difíciles de cambiar a corto plazo. Por ejemplo, el río Amarillo o Huang He, considerado «cuna de la civilización china», una corriente que atraviesa unos 5.500 kilómetros del territorio y sobre la que se desarrolló el país desde la prehistoria, estaba hace ya una década tan corrompido que solamente un 16% de su caudal era potable y aproximadamente un 33% sufría un nivel superlativo de contaminación. Se intentaron medidas salvadoras como realizar trasvases de los ríos Brahmaputra, Salween y Mekong pero no parece que hayan resultado, mientras un estudio reciente señala que 64% del agua subterránea de las ciudades está «gravemente contaminada» por los residuos de plantas químicas, fábricas de acero, productores farmacológicos y de fertilizantes, es decir, quienes han llevado a China a ser una gran potencia económica.
Respecto al ministro Chen Jining se trata de una estrella en ascenso en la política china y si nos atenemos al camino que siguen los componentes que alcanzan la cúpula del régimen lleva camino de llegar a ser vicepresidente del Consejo de Estado en 2018, según prevé la chinóloga Georgina Higueras. Es ingeniero ambiental por la Universidad de Tsinghua, se doctoró en ingeniería civil y ambiental en el Imperial College (Reino Unido) y fue nombrado presidente de la mencionada universidad, es vicepresidente de varios comités medioambientales nacionales, tiene contactos, tiene dinero y pertenece al liderazgo de la sexta generación, que previsiblemente tomará el relevo en dos o tres años de buen número de vacantes en el Consejo y el Politburo. Y China empieza a preocuparse por su medio ambiente.
Publicado el viernes 3 de abril de 2015 en LA NUEVA ESPAÑA
http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/04/03/china-empieza-preocuparse/1736414.html