La memoria del partido

Sobre el cambio de la ley electoral para la designación de alcaldes
La memoria de los políticos debe de ser muy frágil. A las personas les va fallando la memoria a medida que pasan los años. Los políticos parece que sufren la pérdida de memoria sobre los sucesos antiguos y los modernos. Si a un anciano se le olvidan las cosas recientes y, sin embargo, recuerda historias de sus años mozos, a muchos políticos se les olvidan los hechos «históricos» pero no recuerdan tampoco los recientes. ¿Es desmemoria, es desfachatez, es caradura o desvergüenza? La precisión de qué es se la dejo al dilecto profesor García Pérez.

El caso es que de lo que dije ayer ya no me acuerdo y hoy digo lo contrario y me quedo tan pancho. Y si antes dije que el Gobierno no gobierna, cuando estaba en la oposición, ahora no lo recuerdo y tampoco gobierno hoy que estoy en el poder. El método parece sencillo: difumino la realidad con temas bastante aparentes pero no esenciales y así distraigo al personal que no ve a causa de la niebla que origino. Además aprovecho esa bruma para introducir cambios que me eviten presumibles pérdidas.

En estas están el Partido Popular y el presidente del Gobierno. Rechazan reformar la Constitución, que en su momento pidieron (y hasta cambiaron), pero se empeñan en reformar la ley electoral en vísperas de comicios. Es decir, cuando se acaba «el partido» y no al comienzo. Claro que les traicionan las hemerotecas y videotecas. En ambas están grabados discursos, declaraciones, mítines, discusiones parlamentarias, conferencias y muy diversas intervenciones públicas. Y además no disimulan. Recuerdo una actuación pública del actual Presidente del Gobierno en la que con cierto regocijo se expresó así: «Que donde dije o? ¿cómo es? Donde dijo digo? donde digo digo? donde dije digo pues dije digo diego?» (sic). Es decir, dilo tú «que a mí me da la risa».

Pero tanto videotecas como hemerotecas son notarios de los eventos. Así, ahora el PP pretende cambiar la ley electoral y establecer, sin el mínimo consenso, que el/la cabeza de lista del partido más votado en elecciones municipales sea designado/a alcalde directamente aunque alcance un cuarenta por ciento de los sufragios solamente y el resto de las formaciones llegue al sesenta por ciento. Peligran, según reiterados sondeos, sus dominios en grandes municipios como Madrid, Valencia, Sevilla? Imágenes grabadas señalan su posición reciente: «No se pueden cambiar las reglas de juego a última hora. Eso es muy poco democrático. Las reglas de juego se cambian al principio. Cuando empieza el partido, para entendernos. Nunca a última hora. En segundo lugar la ley electoral, como regla de juego que es, no se debe cambiar por mayoría. Estas cosas hay que pactarlas, hay que acordarlas, hay que hablarlas y no hay que hacerlas por puro interés partidista, que es lo que se ha planteado ahora». Era septiembre de 2011. Hoy quiere lo contrario sin nimia anuencia.

Al año y medio, en febrero de 2013, ya gobernando, Rajoy insistía: «Lo más importante, conociendo la historia de este país, es que cualquier modificación de la ley electoral se haga con un gran consenso. Yo, desde luego, nunca modificaré la ley electoral por mayoría?» (sic). Hoy Carlos Floriano, portavoz del partido, predica: «Nos gusta que gobiernen los ganadores porque es lo que quieren los ciudadanos. Y no que gobiernen los perdedores porque eso no lo quieren los ciudadanos». Rita Barberá fue alcaldesa de Valencia con el 25,5% de los votos; los socialistas lograron el 37,3%. ¿Es desmemoria, es desfachatez…?

Artículo publicado el miércoles 17 de septiembre en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2014/09/17/memoria-partido/1643355.html

 

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