Ponte en su lugar

El papel de quienes reprimen la entrada de inmigrantes a través de Ceuta y Melilla
Concertinas, redes antitrepa, uso de gas pimienta? los métodos, las medidas tomadas para impedir la entrada de inmigrantes a través de los cinturones fronterizos de Ceuta y Melilla parecen cada vez más radicales, más crueles, más repulsivas? busque uno el calificativo que quiera, que se adapte a su lenguaje. Los políticos, los analistas, los tertulianos focalizan el problema en la zona española pero se olvidan de la represión que se realiza en la otra parte de la frontera, donde la persecución es más primitiva, más lesiva y las consecuencias más graves y generalmente más duraderas. En numerosas ocasiones le machacan a palos los huesos de piernas y pies al desesperado que huye.

Los inmigrantes, los desgraciados sufridores de una angustiosa situación de miseria, los que arriesgan su vida por alcanzar un mundo mejor, un modo de vida más humano, los que buscan una justicia social, una paz vital, pueden tener la suerte de alcanzar una meta que soñaron pero que no llega a ser el paraíso que idealizaron. Por su condición de víctimas consiguen el respeto de la mayoría de los que vivimos en las patrias del bienestar, de la comodidad, de la salubridad personal.

Del origen de su situación, de las circunstancias que les obligan a migrar, a salir de la miseria, a buscar una vida soportable, se habla menos. Mucho menos. Como si fuese una cuestión menos inmediata, menos trascendente, inabarcable por la generalidad, más técnica, totalmente político-económica. Pero es una cuestión a resolver por la Unión Europea, por su sistema económico-político, una exigencia ideológica y democrática. Las grandes corporaciones deben modificar su comportamiento con los países no democráticos, con las dictaduras, con las oligarquías económicas que dominan el comercio, la industria y la política mundial. Tienen el poder económico, dominan el poder político y deben preservar los derechos de las personas.

Nos quedan por analizar los «represores», los que ejecutan las órdenes de los poderes, de quienes deciden la instalación de las concertinas y las mallas antitrepa, de los que establecen el uso del gas pimienta. Pero los guardias civiles, soldados, policías, funcionarios de Aduanas, son meros cumplidores de órdenes. Personas que han de reprimir los intentos de los desahuciados seres que buscan una existencia humana soportable. Los que han de ejecutar las mandatos de los políticos, de funcionarios de alto rango que dictan las órdenes de reprimir con gas a desesperados llegados del confín del mundo. O disparar bolas de goma contra los que llegan nadando, impedir como sea que consigan saltar las vallas. Su situación es dramática. Porque realizan una represión inhumana. Póngase en su lugar. De todas formas, son prácticas menos crueles que las que usan al otro lado de la frontera, donde golpean con largos palos para romperles los tobillos y demás huesos de los pies a quienes logran escalar la valla.

Personalmente he vigilado fronteras, he hecho guardias en fuertes entre países, he estado de centinela en cuarteles. Son labores consideradas casi formales del soldado. Fui arrestado por no cumplir un juego protocolario que me pareció absurdo en un estamento serio como el Ejército. Pero reprimir con gas o con armas la desesperación de unos seres al límite de su humanidad es una obligación de dudosa legalidad democrática y una orden difícil de cumplir. Así y todo imagínese miembro de la fuerza fronteriza, vista un uniforme, pertréchese del material disuasorio y prepárese para reprimir. Póngase en su lugar.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el martes 22 de julio de 2014

http://suscriptor.lne.es/opinion/2014/07/22/ponte-lugar/1617949.html

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