La ineficacia permanente de la ONU

 

Las guerras cuestionan el papel de una asociación planetaria fundada para salvaguardar la paz

Palestina, Siria, Irak, Afganistán? Lanzo una pregunta repetida constantemente, pero que no deja de ser necesario hacerla. ¿Para qué sirve la ONU? La Organización de Naciones Unidas, una asociación universal fundada para salvaguardar la paz en el mundo, parece más una fundación privada que discute la situación política del planeta que un organismo establecido por casi la totalidad de los países para evitar las guerras. Cumple pronto 69 años de existencia y está integrada ahora por 193 estados soberanos y algún otro como observador (El Vaticano, Palestina?). Su creación tras la Segunda Guerra Mundial tenía el propósito de superar la ineficacia de la Sociedad de Naciones, que como organismo supranacional había fracasado en su función de evitar el enfrentamiento entre países tras la Primera Gran Guerra. Los fiascos de la ONU hoy son patentes.

Cada diez minutos es lanzada una bomba desde alguno de los cañones disparados desde Israel o desde Palestina; el setenta por ciento de los fallecidos a causa de esos bombardeos en el territorio de Gaza son civiles, la mayoría de los afectados son mujeres y niños. Esta situación es casi permanente, con intervalos de ficticia paz mientras se celebran negociaciones que nunca confirman un armisticio duradero.

Unos paralelos hacia el Norte los combates en territorio sirio han matado a miles de personas, han provocado la huida de otros muchos miles habitantes y han radicalizado las ideologías y creencias político-religiosas hasta extremos irreconciliables. Algunos paralelos más hacia arriba en el Globo las batallas dirimen las diferencias étnicas de los habitantes de antiguas repúblicas de la desaparecida Unión Soviética.

Meridianos al este las hostilidades son múltiples. Las divisiones históricas en las creencias del Islam son la base de los conflictos que se desarrollan en los territorios de la zona. Las diferencias dogmáticas entre los musulmanes son el origen de su rivalidad, de su discrepancia, casi incompatibilidad. Las tendencias son históricas, pues en su mayoría se iniciaron hace más de trece siglos. Sunníes -mayoritarios, seguidores de los discípulos del Profeta-, chiíes -seguidores de su sobrino y yerno-, jariyíes -minoritarios y más tolerantes, rivales de las dos anteriores-, y salafistas o wahabíes -puritanos y partidarios del rigor dogmático-, son las principales ramas islamistas, dentro de las cuales hay también otras fidelidades. Ante este horizonte las beligerancias son continuas. Líbano, Irak, Irán, Afganistán, el Kurdistán? son territorios de choques casi permanentes.

Además están las guerras entre India y Pakistán, el reciente conflicto de los Balcanes, las frustradas primaveras del sur del Mediterráneo, los combates étnicos en África y un largo etcétera que la ONU no ha resuelto. A pesar de que tres años después de su fundación declaró solemnemente el principio de los Derechos Humanos. Nadie hace caso de sus resoluciones, vinculantes o no.

Ya su fundación nació coja, pues las grandes potencias del momento impusieron el veto de los vencedores de la guerra. Y debido a esto carece de fuerza para luchar contra los grandes fabricantes de armas, contra los paraísos fiscales? su ineficacia es manifiesta y en la práctica es poco más que una organización no gubernamental con departamentos cultural, de ayuda al refugiado, de mediación? pero sin un práctico poder ejecutivo.

 Publicado el miércoles 16 de Julio de 2014 en LA NUEVA ESPAÑA
 http://suscriptor.lne.es/opinion/2014/07/16/ineficacia-permanente-onu/1615317.html

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