La estrepitosa caída de una obsesión

La detención del magistrado Enrique López
Es un caso paradigmático. Años dando la lata y cae a las primeras de cambio. Pero el mal ya está hecho. Y nadie de la política o la judicatura ha salido a «comentar» el «incidente». El magistrado Enrique López, miembro del Tribunal Constitucional, fue detenido recientemente, cuando conducía una motocicleta de gran cilindrada superando en exceso la velocidad permitida, se había saltado algunos semáforos en rojo y en los controles de alcoholemia, hasta siete, cuadruplicaba la tasa permitida para conducir un vehículo. Un ejemplo de ciudadanía, civilización, ética?

El caso de Enrique López es mucho más que un desliz, una imprudencia, un posible delito social, un error, una equivocación personal. Lo es porque durante años, repito, años, fue la causa de que distintos e importantes órganos del Estado estuviesen parados, sufriesen un veto continuo, no se renovasen cuando así lo establecían las leyes y se paralizasen importantes decisiones, digamos, de Estado. Este juez, conocido en los círculos judiciales y políticos como el George Clooney de la judicatura, también como el «juez Clooney», guapo, elegante y con verbo, fue el candidato imprescindible que impuso, repito, impuso, el Partido Popular para la renovación de los órganos judiciales.

Como vocal y como portavoz del Consejo General del Poder Judicial fue un ariete contra el Gobierno socialista. Así se mantuvo durante varios años. Y logró entrar en el Tribunal Constitucional de manera forzada, por el voto de calidad del presidente ante el empate registrado entre los magistrados del órgano judicial. La propuesta de su inclusión en el tribunal fue rechazada repetidamente por toda la oposición. El argumento radicaba en que no contaba con los años suficientes de carrera judicial exigidos para acceder a la cúspide de la magistratura.

Pero es que Enrique López, claramente alineado políticamente con el Partido Popular, interveniente en actos y conferencias de la Fundación FAES, ha mostrado opiniones particulares muy definidas sobre asuntos pendientes de resolución del Tribunal Constitucional como son los recursos sobre cuestiones del catalán o sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo. Aunque debería deliberar -si no hubiese dimitido- sobre la constitucionalidad de esa ley, ya había expresado su opinión sobre el tema en 2005, cuando señaló que «llamar matrimonio a la unión de personas del mismo sexo es un cambio radical, como lo sería llamar matrimonio a la unión de más de dos personas o a la unión entre un hombre y un animal». También manifestó que la ley contra la violencia de género resulta «discriminatoria para el hombre». Asimismo se ha mostrado partidario de la cadena perpetua.

El hecho es que López fue alzado de manera forzada a un tribunal que ha de dilucidar sobre recursos presentados por el Partido Popular, por lo que su elección se vuelve ahora contra el Gobierno que lo propuso. Y, para más inri, no ha durado en el cargo ni un año. Acontecimientos políticos de mayor calado han tapado parcialmente su sorprendente declive. Ahora se enfrenta a un proceso que si el tribunal considera que existen suficientes circunstancias agravantes o acumulación de quebrantamientos de la ley (exceso de velocidad, traspaso de semáforos en rojo, abundancia de alcohol en sangre conduciendo un vehículo?) puede conducirlo a prisión. Y trastocar la toga por el mono de recluso. Es la estrepitosa caída de una obsesión.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el jueves 26 de junio de 2014

http://suscriptor.lne.es/opinion/2014/06/26/estrepitosa-caida-obsesion/1605982.html

 

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