Melilla, Ceuta y las leyes europeas

Análisis del problema de la inmigración que soportan las dos ciudades

Un día sí y otro no, durante largos meses. Hice un centenar de guardias a lo largo de la frontera que bordea Melilla. Pongamos que conozco la zona. Quizá fueron otros tiempos, sin alambradas prácticamente, sin concertinas, sin la malla antitrepa que se quiere instalar ahora, cuando se pasaba de un lado a otro saltando los dos metros de valla de “gallinero”, cuando soldados veteranos iban a comprar grifa o el kifi marroquí a los campos rifeños por las noches. La vida en la ciudad que conquistó Pedro de Estopiñán en 1497 ha cambiado poco en cuarenta años.

Permanecí firme y de gala en la Comandancia Militar como centinela tal como los “Queen’ Guard” de Buckingham Palace, los del gorro negro y casaca roja que custodian a la reina de Inglaterra. Pero muchas más veces realicé la vigilancia por los fuertes fronterizos de Reina Regente, Purísima Concepción, Cabrerizas Altas, Rostrogordo o de Horcas Coloradas y algunos más de la ciudad atravesada por el Río de Oro, como María Cristina, Alfonso XIII o el paso de Farhana. El escenario era normalmente relajado y por la noche no era extraño “recibir” la visita de un rifeño clandestino que ofrecía algo de cannabis o de alguna falsa “fatama” que ofrecía sexo por una propina. Y solo surgían pequeños sobresaltos si un político marroquí hablaba de la ocupación española. Pero no había avalanchas de inmigrantes.

¿Quién tiene la culpa de este cambio? ¿Cuál es el origen de la oleada actual de inmigrantes? La respuesta es la legislación europea y su debilidad ante algunas multinacionales. Cuando los principios democráticos se aparcan, se obvian o se menosprecian ante los principios económicos, pasan a un plano secundario ante los intereses materiales, la dignidad humana se debilita y sufre, los derechos de las personas son pisoteados por los dominios ciegos de algunos poderes sin escrúpulos.

En los inhumanos “campamentos” del Gurugú y de los bosques de Nador se hallan jóvenes subsaharianos, de Siria, del conocido como Cuerno de África y hasta de territorios del Asia del Pacífico. Muchos de los lugares de procedencia de esos desahuciados que llegan al Rif con intención de alcanzar el Paraíso europeo son países ricos, donde algunas industrias implantan la ley a su antojo y conveniencia. Y muchos de los desesperados dispuestos a saltar alambradas en Melilla y Ceuta son universitarios con buen estatus social. Pero no soportan la miseria de las guerras y dictaduras, el desprecio y explotación infrahumana de esos poderes despóticos, antidemocráticos, esclavizantes que “gobiernan” las antiguas colonias. Las materias primas que se arrancan para las industrias del Primer Mundo pueden con la existencia de las personas del Tercer Mundo.

Por eso no dan fruto soluciones como tratados y acuerdos con los países del Magreb en materia de emigración y de derechos sociales. Los problemas surgen antes de que los jóvenes senegaleses, malíes, congoleños, guineanos… se acerquen a los aledaños del Mediterráneo o el Atlántico. Del mismo modo que la Unión Europea impone una serie de requisitos para la idoneidad de los productos de consumo debe exigir unas reglas democráticas y humanitarias de explotación de las materias tanto a industrias como a gobernantes en origen. “La inequidad impide a los países africanos ricos en recursos naturales traducir estos beneficios en una reducción acelerada de los niveles de pobreza”, señala el informe de una comisión presidida por el exsecretario general de la ONU Kofi Annan.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el martes 11 de marzo de 2014

http://www.lne.es/opinion/2014/03/11/melilla-ceuta-leyes-europeas/1554795.html

 

3 thoughts on “Melilla, Ceuta y las leyes europeas”

  1. Fernando, como buen conocedor del terreno en primera persona, relativizas por fútil y trivial la importancia de las fronteras y pones el dedo en la llaga, un dedo cargado con el vinagre más ácido; la pena es que en la llaga de los que podrían modificar ese statu quo hay demasiada anestesia, o sea “pasta gansa en cantidad” que adormece heridas y conciencias. Un abrazo

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