Florencia y Llanes, dos formas de tratar
el tesoro cultural
Los despropósitos pueden ser extremos. Unos por defecto y otros por exceso, pero despropósitos de todas formas. Contemplo estos días en los medios de comunicación la coincidencia de dos disparates que tropezamos en el mundo de la cultura. Mientras aquí cerca luchamos por la restauración de una joya del románico en Italia no encuentran otra forma de gastar dinero que buscando los huesos de una posible modelo que posó hace cinco centurias para Leonardo da Vinci.
Parecerá un sacrilegio (elijo esta palabra porque ambos casos tienen relación con antiguos recintos sagrados) pero comparo los casos porque si en Florencia dilapidan el erario público por encontrar algo que parece superfluo en sentido artístico en Llanes ninguna de las arcas públicas se interesa por un monumento en peligro de desaparecer. Quizá sean dos formas de tratar el tesoro cultural. La búsqueda ahora de la modelo italiana no aporta nada a la gran pintura universal. La restauración del monasterio de San Antolín de Bedón es un bien cultural y aportaría mucho a la riqueza arquitectónica, cultural y turística de una comarca que vive en gran parte de su atractivo ancestral.
La recuperación de un edificio como el construido junto a la desembocadura del río Bedón hace más de ocho siglos, presuntamente para monasterio de la orden benedictina, declarado Monumento Nacional un año emblemático para la historia de España (Boletín Oficial del Estado de 4 de junio de 1931) y hace unos lustros destacado como bien de interés cultural, parece una acción esencial si tenemos en cuenta su estado actual, abandonado, asaltado por vagabundos, descuideros y gamberros, con pernoctaciones furtivas, encendido de hogueras y amontonamiento de malezas.
Una ruina, seudorrestaurada hace unos años que disimuló el deterioro del edificio románico, es lo que queda de un antiguo monasterio del siglo XII, posiblemente construido sobre otro primitivo una o dos centurias antes y que Jovellanos sitúa «por era 1.070». Ni la Administración estatal, ni la autonómica ni la local hacen nada por su restauración. O lo que es más grave, rechazan realizar la obra con disculpas burocráticas, crematísticas y desinterés cultural. Todo son palabras huecas, inconcretas y sin respaldo económico que se desentienden del clamor popular por su rehabilitación.
Contemporáneamente a esta indolencia asturiana en la localidad toscana, que fue capital de la Italia de la unificación en el siglo XIX y cuatro centurias antes cuna del Renacimiento, se interesan por el origen de una sonrisa universal. Silvano Vinceti, presidente de una asociación cultural privada, busca los restos de Lisa Gherardini, esposa del rico comerciante Francesco del Giocondo, que se supone posó para Leonardo da Vinci. El dispositivo investigador ha exhumado en una iglesia florentina los restos óseos de descendientes directos de la familia del Giocondo. Intenta confrontar datos genéticos para confirmar la personalidad de la modelo que sonríe en la pintura conocida como «Mona Lisa» o «La Gioconda». Resolverá así el misterio «que atormenta a los estudiosos desde hace lustros», dice Vinceti. «Se me escapa por completo la utilidad de todo esto», sentencia Claudio Strinati, un reconocido historiador del arte. Como se observa, dos simultáneos disparates artísticos.
Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el 14 de agosto de 2013
http://www.lne.es/opinion/2013/08/14/mona-lisa-san-antolin/1455548.html