Cineastas a la televisión

La parte buena de la crisis de la industria del celuloide

La palabra crisis forma parte de la definición del teatro desde tiempos inmemoriales, pero el arte escénico revive siempre como un ave fénix. Lo mismo se suele decir de la radio y últimamente de la prensa. Ahora le llega el turno al cine y hasta parece que la televisión corre peligro ante las novedades que aporta internet. Pero cada uno va resolviendo sus problemas y poco a poco todo vuelve a su lugar y la situación se estabiliza. O al menos se reconvierte para continuar con un rol similar o casi idéntico. Productores y exhibidores buscan hoy una corrección a la crisis del cine. Presupuestos menos espectaculares, rebaja de precios… Pasarse a la televisión apunta a un remedio para los cineastas.
Puede parecer el refugio de estrellas y guionistas, pero también un estimulante para el arte televisivo, comentaba recientemente Ángel Luis Fernández, uno de los más destacados directores de fotografíadel cine español, que como gran parte del elenco sufre las consecuencias del desempleo. Un frecuente reparo que alegan técnicos y críticos del cine contra la pequeña pantalla es que ésta graba con escasa calidad, sin los cuidados de un cine que tiene tiempo para repetir escenas, para conformar una ambientación, sin la urgencia que comporta realizar un capítulo tras otro. El enfoque va mejorando en este sentido y la televisión evoluciona a una mayor calidad. Calidad no solamente en cuanto a técnica, sino también en el terreno literario.
Esta realidad televisiva ante la crisis cinematográfica hace que la gente del cine vea en la pantalla casera un amparo contra la crisis del «celuloide». Ejemplos claros los tenemos en Kevin Spacey, ese asiduo visitante de Asturias, Dustin Hoffman o Glenn Close, con series de gran éxito en la actualidad. Si el primero, ganador de dos «Oscar», director artístico del londinense Old Vic, uno de los teatros más prestigiosos en la lengua de Shakespeare, triunfa con «House of cards», Hoffman, también con dos estatuillas de la Academia de Hollywood, lo hace con la serie «Luck». Además, ruedan ahora frecuentemente en televisión actrices y actores como Sigourney Weaver, Jessica Lange, Anjelica Huston, Kevin Costner, Jeff Daniels, Kevin Bacon, Maggie Smith, Danny DeVito, Alec Baldwin y una veintena de famosos de la gran pantalla aupados por «Saturday night live».
En España resaltan los casos del cántabro Antonio Resines y del leonés Imanol Arias, respectivamente con «Los Serrano» y «Cuéntame», ambos con notorio éxito de audiencia. Antes lo tuvieron los ya fallecidos Carlos Larrañaga y Tony Leblanc, o Concha Velasco, que sigue protagonizando series televisivas.
También hay ejemplos en sentido contrario como los de tres norteamericanas homónimas, Jennifer Aniston, Jennifer López y Jennifer Morrison, que comenzaron en producciones para la pequeña pantalla y ahora triunfan en el cine. Los éxitos de series como «Friends» o «House» las lanzaron al estrellato hollywoodense. Y por supuesto hay quien triunfa en ambos formatos a la vez, como la canadiense Stana Katic, que conquista audiencia actualmente siendo la detective Kate Beckett en la serie «Castle» mientras ha participado en diez filmes en cuatro años y hasta en un videojuego de novísima generación. Pero éstos son casos aislados. El cine está en declive y se cierran salas cada día. Un tónico que podría recuperarlo sería programar abonos para proyectar series de éxito que se emiten en cadenas de pago. El menor presupuesto de las producciones televisivas haría más atractivos los precios para los patios de butacas.
Artículo publicado el jueves 20 de junio de 2013 en LA NUEVA ESPAÑA.

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