Elogio de las profesiones periodística y judicial, las que públicamente pelean contra la corrupción
20.03.2013 | 00:00
La encuesta publicada hace días por el Centro de Investigaciones Sociológicas, el popular CIS, señala que las profesiones peor valoradas por los españoles son la de juez y la de periodista. Paradójicamente, son las dos funciones, los dos trabajos que más combaten la calamitosa situación política económica actual, quienes públicamente pelean contra la corrupción. Es justo resaltar que en el sondeo la nefasta corrupción es la segunda preocupación del español, tras el paro. Y que la exploración se hizo después de conocerse los datos sobre los dineros que Luis Bárcenas, el ex tesorero del Partido Popular, actualmente en el Gobierno, escondía en bancos suizos.
Pues bien, mientras las investigaciones de los medios de comunicación van dando luz a los numerosos casos de fraude, uno tras otro cada día; mientras los juzgados trabajan a destajo para descubrir las múltiples corruptelas que se producen en nuestro país en las distintas vertientes políticas, económicas, sociales, los resultados de las encuestas dicen que jueces y periodistas son los peor valorados por los encuestados.
No sería honesto acusar al encuestador, puesto que no es quien responde. Quizás haya que enfocar el objetivo dentro de las mismas profesiones. Porque los primeros comentarios sobre la pesquisa sociológica que pronunció el ínclito Federico Jiménez Losantos fueron de esta guisa: «Los jueces son parte de la casta política», «La inmensa mayoría de los medios de comunicación, también», al tiempo que señalaba de la política, la justicia y el periodismo corruptos que «todo es la misma corrupción». Es decir, no hay distinción ni de intenciones ni de instituciones, ni de individuos, cargos y empresas. Todos vamos en el «Titanic».
Para mayor sorpresa, quienes mejor valorados están son médicos y profesores, los más acosados por el Gobierno, que disfruta de una abultada mayoría absoluta. Supongo que esto representa un orgullo para tan dignas profesiones, lo que les dará fuerzas para seguir combatiendo la animadversión que les profesan los diferentes miembros del Gabinete. También aparecen bien valorados arquitectos, albañiles, barrenderos y otros oficios que llenan las listas del desempleo. Parece una compensación por su precaria situación.
Contradecir los resultados de las investigaciones sociológicas conlleva el peligro de defender el corporativismo; mostrar irritación porque las tendencias son contrarias a nuestras ideas o nuestra visión de la sociedad, descalifica al que habla de la «cocina» que se realiza tras la recolección de las respuestas. Por eso no voy a condenar los resultados ni a los elaboradores del escrutinio. Me inclino por el escaso conocimiento que pueda tener la población de los profesionales valorados, de su trabajo, de sus desvelos por esclarecer la verdad, de sus modos de vida, etcétera. Quizás haya jueces con «semana caribeña», rivalidades intestinas entre los órganos judiciales, enriquecimiento desmedido de algún juez, periodista o empresarios de la comunicación, profesionales mentirosos en parcelas de la vida que no resisten el embuste. Pero defiendo el sacrificio personal de quien está pendiente de su profesión las veinticuatro horas del día, con difícil conciliación familiar; defiendo su dignidad quizá denigrada por algunos intrusos del famoseo? Defiendo la responsabilidad que en la salvaguardia de la democracia tienen (tenemos) jueces y periodistas.