La ocasión de buscar unión y respeto de los ganaderos
Las declaraciones del ministro han abierto una oportunidad que los ganaderos, opino, han perdido. Al menos los que trabajan en la ganadería extensiva. Si la polémica generada por las palabras de Alberto Garzón dio a conocer al gran público el lamentable estado en que viven muchos millones de los animales de los que nos alimentamos, la manifestación celebrada el domingo 23 de enero en Madrid no distinguió entre las vacadas en libertad y las macrogranjas. Para muchos españoles fueron todos a una, los de extensiva con los de intensiva. Creo que no distinguió siquiera al sufrido campesino que vive para su ganado 24/7, como se dice en “lenguaje digital”, del empresario que capitaliza una instalación de crecimiento y engorde de vacas, cerdos o pollos.
Lo prueba el hecho de que tras dos semanas de controvertidas informaciones y opiniones en todos los medios de comunicación sobre las instalaciones extensivas y las intensivas, la ganadería extensiva y las concentraciones de miles de animales en edificaciones donde éstos no ven, o escasamente lo hacen, el campo, las informaciones sobre la manifestación por el Paseo de la Castellana y el Paseo del Prado en los informativos posteriores apenas ocuparon unos espacios finales o no aparecieron en algunos. A pesar de que algún digital insistió en detallar hora, itinerario e imágenes en su llamada a la asistencia.
La marcha de los tractoristas hacia la capital, con el fin de presentar sus reivindicaciones ante Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que inicialmente reclamaban contra la precariedad de su situación, con los precios de producción por los suelos y las difíciles condiciones de vida que conlleva su trabajo, quedó diluida en una polémica que no era la suya sino la de las macrogranjas y la apropiación política de la mala alimentación de la que habla un miembro del Gobierno. Un sacrificio de los verdaderos ganaderos que quedó oculto tanto en los periódicos e informativos audiovisuales como en las redes sociales porque el tema fue utilizado como puntero o ariete por ultramontanos, pescadores en río revuelto en medio de la controvertida declaración ministerial. Tanto fue así que los más destacados políticos que se dieron a conocer en su asistencia a la concentración ganadera fueron miembros de la derecha más extrema, quienes corrieron a las redes sociales para destacar su presencia. Mientras, significativos representantes del sector agropecuario no asistieron a la concentración.
Y así, el lunes 24 las informaciones sobre el evento apenas cumplieron con un pie de foto o una fotonoticia, salvo alguna precisa llamada gráfica en portada de diarios de tres regiones ganaderas. Por contra, en algunos periódicos de mayor tirada, las informaciones sobre la salubridad de los productos cárnicos continuaron ocupando espacios en sus secciones de alimentación, consumo, ecología o mercado de empresas. Informaciones que apenas tocaban el sistema de producción ganadera, su salubridad o las reivindicaciones de los productores del campo, de agricultores y ganaderos, sus problemas, sus condiciones de trabajo, los altos costes de luz y combustibles, sus precios o el coste de su producción, el olvido oficial y su lucha contra la burocracia, contra los abusos de los intermediarios, la controversia sobre el lobo y el jabalí, las infraestructuras de comunicación telemática, los beneficios o perjuicios de la PAC (Política Agraria Común de la Unión Europea)… una larga serie de demandas contra el abandono del campo.
En fin, una ocasión perdida para situar cada uno en su sitio, buscar respeto y combatir la desunión entre los ganaderos con su problemática por un lado, los industriales de las granjas masivas por otro, dos mundos a veces confundidos.
Publicado el lunes 7 de febrero de 2022 en LA NUEVA ESPAÑA