Posidonia para El Bau (recopilado 2019)

La necesidad de cuidar el pequeño estuario del río Calabres, una ría natural que transcurre entre entre los pueblos de Barro y Niembro (Recopilación Septiembre)
Posidonia para El Bau

Intento siempre defender uno de los paisajes más bellos que tenemos en Asturias. Perdónenme si resulto pesado y reiterativo con un mismo tema. Es que observo su deterioro y pienso que es necesario pararlo, buscar remedio, conservarlo aún en su estado actual. Me refiero a la ensenada de El Bau, el pequeño estuario que forma el río Calabres al desembocar entre Barro y Niembro, la ría formada por los cuatro meandros con los que alcanza el mar antes de abrirse en la playa de la Entrada. Es la joya fotográfica que todo turista se lleva al pasar por el Picu el Escobiu y ver el reflejo en sus aguas de la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores de Barro. El Instituto Geográfico Nacional lo denomina «Ría de Barro».

Este paraje llanisco tiene una singularidad que lo hace casi único. Un río nacido en la sierra del Cuera se esconde bajo el monte de La Llera, en la zona de La Corredoria, entre Posada y Quintana. Su cauce subterráneo discurre centenares de metros y vuelve a la superficie por la semidestruida cueva de Jonfría, en la vertiente norte de La Llera, ya en la parroquia de Barro. En su camino al mar hubo tres molinos de los que solo sigue en pie el tercero aunque sin actividad molar. Unos metros adelante, tras pasar bajo el puente de El Arite, forma con sus meandros un estuario con una vega a su derecha que se inunda con aguas de la pleamar del Cantábrico.

Tanto a izquierda como a derecha de su cauce han crecido distintos árboles y plantas herbáceas como el junco, la espadaña y el cada vez más apreciado bambú (la nueva arquitectura lo investiga como resistente material de construcción). En su suelo se forma un fango que alberga diversos animales acuáticos, gusanas y cangrejos (cámbaros, los llamamos en Llanes). Con las aguas que llegan del mar entran bandadas de lubinetas, mubles y hasta rodaballos. En ellas pescan la gaviota, el martín pescador y otras aves migratorias. Gran parte de lo que describo permanece hoy a duras penas. Una cantera abierta cerca del nacimiento del río propició hace años el deterioro de la rica ensenada. Los sedimentos arrastrados obstruyeron el cauce fluvial subterráneo, lo que obligó a romper la bella cueva de Jonfría, la arena arrastrada fue ocupando las orillas del cauce e invadió gran parte de la vega de El Bau. Una vegetación no deseada comenzó a cubrir las zonas de aluvión y el agua ya no llega a todo el estuario. (Tras cuatro décadas de desastre, hoy se polemiza sobre el posible dragado del Calabres antes de enterrarse bajo La Llera, no de limpiar la natural ensenada de Barro, El Bau).

Como consecuencia de ello ya no se pesca en el Bau, la gusana que se cosechaba como cebo para la pesca casi ha desaparecido y extraña vegetación se aprovecha del abandono. Con la evolución de las técnicas de captura ha desaparecido la flota de los mariscadores de Niembro, especializados en langosta y bogavante. Todo ello ha contribuido al deterioro del humedal, que aún conserva su belleza.

Propongo, dentro de mi ingenuidad y en defensa de mantener esta riqueza natural, la plantación de posidonia. El crecimiento de esta planta, cuyo nombre deriva del mitológico dios de los mares, Poseidón, regenera las costas de muchas zonas del Mediterráneo y lo mantiene vivo. Acuática de verdes hojas largas y estrechas, endémica del llamado Mare Nostrum, alimenta las aguas con sus extensiones submarinas. Y las salva de una contaminación destructiva. Un editorial reciente del «Diario de Mallorca» (Editorial Prensa Ibérica), titulado «El equilibrio vital de la posidonia», reivindicaba esta planta por su influencia en defensa del medio ambiente, del ecosistema, ya que las praderas de posidonia «son elemento natural imprescindible para mantener y regenerar» la costa mediterránea. Un decreto del Govern de la comunidad balear no solamente defiende esta planta sino restringe su retirada o destrucción. Los guías turísticos de las islas suelen señalar, no sé si con razón, que está prohibido arrancar y sacar del archipiélago esta benéfica hierba.

Las playas del Cantábrico, afortunadamente no necesitan de la posidonia para mantener sus agitadas aguas saludables. Pero El Bau, la ensenada entre Barro y Niembro, con sus aguas tranquilas, precisa una regeneración. La vuelta del bambú, hoy reivindicado como un magnífico elemento para la construcción, un pequeño dragado y la plantación de la hierba del dios de los mares detendría su deterioro y desterraría la vegetación invasora que consume su belleza natural.

Publicado el domingo 29 de septiembre de 2019 en LA NUEVA ESPAÑA

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/oriente/2019/09/29/posidonia-bau/2536292.html

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