Un magnífico queso azul y suave, reconocido entre los gourmets pero difícil de encontrar fuera del Principado de Asturias (Recopilación Septiembre)
“El cabrales no hace falta ofrecerlo, se vende solo”. Eso se les oye a los vendedores de quesos asturianos. “El gamonéu hay que ofrecerlo”. Para quienes visitan Asturias y quieren llevar una buena evocación gastronómica a la vuelta han de anunciarles el queso de los concejos de Onís. Es necesario señalarles que es mantecoso, más suave, quizá menos azul… pero deja un buen recuerdo en el paladar. Pienso que esto se puede corregir. Es un producto con Denominación de Origen y debe ser potenciado por el Principado.
El hecho de ser Asturias la mayor mancha quesera de Europa no se ha de quedar en una frase publicitaria, en una propaganda en sí; ha de ser algo más, un acicate para trabajar un sector industrial sin más. Si se subvenciona a la implantación de foráneas industrias metalúrgica, eléctrica, de la construcción, manufacturera y de las nuevas tecnologías, en muchos casos con un futuro incierto o con un futuro corto –como demuestran los continuos cierres de los últimos tiempos–, con mayor fuerza se ha de hacer con nuestra industria autóctona, con prestigio fuera de nuestras fronteras, que ponen nuestros (perdón por la apropiación) productos “en el mapa”.
No me refiero solamente a ayuda económica. La aportación pública puede ser para la creación de nuevas queserías, aumento de la ganadería, medidas de seguridad para ésta, incremento de la mano de obra y más tecnología especializada, apertura de mercados, publicidad y a cualquiera de las diferentes necesidades del sector.
La industria quesera sufre una serie de limitaciones que son difíciles de superar sin ayudas institucionales. Bien por su propia idiosincrasia, sus cualidades propias, diferenciadas que la hacen única (modo de secado, maduración, materia prima, características del terreno…). Bien por la precariedad de su primaria producción o de su arranque.
El gamonéu es un queso premiado, reconocido entre el gremio de los productores, entre los gourmets, pero aún poco conocido del gran público, del consumidor, de los establecimientos expendedores, de los mercados del queso. Fuera de Asturias es muy difícil encontrarlo en tiendas especializadas y casi imposible en colmados y supermercados. Para colmo se le puede nombrar gamonéu, gamonedo o gamoneo y su nombre de origen viene de un pequeño pueblo mayormente desconocido hasta para los asturianos. El hecho de poseer la etiqueta de Denominación de Origen la concede un gran prestigio entre los expertos pero no lo hace más popular entre los consumidores. Pienso que sería bueno inscribirlo en certámenes internacionales como el World Cheese Awards, que se celebra ahora en Bérgamo, Italia. Es una plataforma planetaria cuyos galardones extienden su fama por el mundo, son noticia en los medios de comunicación y popularizan los productos que a él se presentan. Lo saben muchas premiadas queserías españolas.
Por otra parte, la difusión de un concurso como el celebrado en el vecino municipio de Cabrales, con subasta y pregón, completarían su popularidad. La presentación, invitación, degustación a los medios del queso ganador representa una publicidad incomparable para el pujador que consiga llevárselo en la subasta y un gran renombre para el queso. Lo dice quien pregonó recientemente el certamen cabraliego, recomendó hacer escuela para propagar por los mercados esta delicia gastronómica y la continuación de unas queserías que lancen sus exquisiteces al universo gourmet. Su presentación en Madrid consiguió una barata publicidad, buenos espacios en la mayoría de los medios de comunicación y hasta insólitos récords.
Publicado el viernes 13 de septiembre en LA NUEVA ESPAÑA y recogido por el Museo Etnográfico de la lechería
https://afondo.lne.es/opinion/gamoneu-una-reivindicacion.html