Fobias y ambiciones contra programas

La formación de los gobiernos tras las elecciones locales y autonómicas
Fobias y ambiciones contra programasLas fobias no dejan ver el bosque. La cortedad de miras mantiene las ambiciones mientras los programas siguen casi desaparecidos. Este es el panorama político que tenemos delante los españoles tras las diversas elecciones que hemos celebrado.

Efectuados, por fin, los comicios nacionales, regionales, locales y europeos tras unas cuasi permanentes campañas electorales, los ciudadanos españoles esperamos la resolución definitiva de los mismos. Aguantamos una larguísima contienda verbal mantenida por los partidos y ahora llega la hora de la composición de los distintos gobiernos. Las declaraciones de políticos de todos las formaciones y asociaciones de electores invadieron los hogares a través de muy dispares programas de radio, televisión, prensa y redes sociales. En muchas conversaciones sigue primando el tema político. Parecería que todo estaba definido y bastante claro. Pero no. Las promesas son una cosa y los pactos postelectorales, otra.

Resulta que donde había unas líneas rojas ahora se van diluyendo pero aparecen otras. Todo depende de si «cojo cacho» o me quedo sin el mínimo poder. Y lo que importaba a nivel local o regional ahora depende de pactos nacionales e internacionales. Y si todo parece correcto, dependeremos entonces de si el interlocutor tolera, negocia, se aproxima a Cataluña o, mira por donde, a los tránsfugas. Y si aún quedan dudas para la negociación, calificamos de populistas a quienes no nos interesan para un fructífero pacto.

Irreconciliables. Para diversos analistas el problema es que no hay conciliación política. Y alguno ha llegado a comparar la situación española con la del Ulster, donde la paz ha conseguido superar a la guerra pero donde la población se encuentra fracturada, dividida, en tensión latente. Y llegamos al caso de que unos no se reúnen con otros porque éstos no reprueban como a ellos les gustaría las diatribas independentistas catalanas. ¿Han de renunciar Manuela Carmena y Ada Colau a su amistad, a «conocerse» para que lleguen a acuerdos los partidos que buscan la alcaldía de Barcelona o Madrid?

Irreconciliables pero menos parecen algunos pese a sus declaraciones ante los medios. Si hace un mes Pablo Casado decía de Vox que era un partido de extrema derecha, forzado por los resultados de las generales, ahora ya no es tan incompatible. El primer acuerdo a nivel nacional entre formaciones políticas para conformar entidades locales y regionales lo han pactado el Partido Popular y el liderado por Santiago Abascal. Pactan gobiernos donde no les interfiere el partido de Albert Rivera, nombrado socio preferente para negociaciones según dirigentes del Partido Popular.

De la consolidación de la democracia española no hay duda pero ahora se necesita consolidar el aprendizaje de la negociación. Para lograrlo, los partidos habrán de iniciar sus contactos con sus programas por delante, ya que durante las campañas electorales las propuestas programáticas fueron indisimuladamente «escondidas» porque lo que mejor llama al voto son las declaraciones de los más locuaces de los dirigentes. Y al confrontar programas se encuentran similitudes y desigualdades. Y se pacta cediendo por ambas partes.

De este modo se van descartando las ambiciones personales, pasan a un segundo plano los cargos y se liman las fobias para ir dejando paso a las posibilidades de gobierno. Así se diluyen algunos «cordones sanitarios» presumidos en las campañas. Por ejemplo, vetar al líder pero dejar la puerta abierta a posible acuerdos con su partido. Negar acuerdos con una formación en una región mientras en otras se pueden firmar pactos sin fobias o ambiciones personales.

En un coloquio reciente se dilucidaba si la sociedad estaba dividida o fracturada. En el primer caso es más fácil el acuerdo que en el segundo. Aunque todo debería depender del cruce de programas y de la búsqueda de coincidencias. También de las oportunidades puntuales. Los números electorales dan como resultado casi único un gobierno formado por Pedro Sánchez, con más o menos precariedad. Podemos se acerca a él como una tabla de salvación ante su descenso en diputados. Ciudadanos y Partido Popular mantienen sus posiciones contrarias a los socialistas sin explorar las posibilidades de un gobierno menos a la izquierda. Si alguno de ellos negociase un intercambio de programas podría conseguir algunas prebendas, centrar algo el futuro gabinete y hasta resarcirse de su fallido intento de gobernar. Se especula con los argumentos de «Juego de tronos», serie fantástica y con efectos especiales, pero estimo que sería mejor que se fijasen en «Borgen», cuyos capítulos reflejan la política danesa, más cercana a nosotros y que precisamente acaba de resolver la formación de gobierno tras sus recientes elecciones. Con menos fobias y ambiciones.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el lunes 24 de junio de 2019

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2019/06/24/fobias-ambiciones-programas/2492813.html

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