Hoy es Mayo todavía

Evocación de la movilización de 1968 y las similares condiciones hoy en España

La paz social se resquebraja, los pensionistas salen cada día a la calle, las mujeres ya no aguantan más el machismo estructural, la corrupción se ha hecho crónica, el estamento judicial gobierna más que el ejecutivo, jueces y fiscales se manifiestan contra el ministro de Justicia y policías y funcionarios de prisiones, contra el de Interior; Cataluña, atrapada en un bucle político, está partida por la mitad, la burbuja de la vivienda de alquiler está a punto de estallar, a la universidad la están desprestigiando, la recuperación de la crisis agranda la diferencia entre asalariados y capitalistas que es de las más amplias en Europa? El Mayo del 68 es evocado ahora, sobre todo porque hace ahora cincuenta años se materializó en Francia, singularmente, en la movilización de estudiantes y obreros contra Charles De Gaulle. Mujeres y jubilados, tan imbricados entre sí, pueden organizar hoy una buena réplica. La España que alborea, la de la rabia y la idea de Antonio Machado puede estar entrando en pista.

La conjunción de sus diversas causas estamentales se va materializando en una idea, la desobediencia, como hace medio siglo. Y son hoy más las mujeres y los pensionistas que entonces los estudiantes, por supuesto. Sus problemas son más prácticos, inmediatos, de pura supervivencia, aunque menos romanticismo haya en sus reivindicaciones. Además, los políticos actuales están ya a la defensiva, ya sea por falta de líderes, por falta de ideas o recordando lo pasado hace medio siglo en Francia. O los 25 años de Tangentópolis en Italia. Quizá recuerden que el presidente de la V República gala ganó entonces unas elecciones convocadas para salir de su precaria situación, pero esa victoria no fue la solución y dimitió meses después. El caso español podría tener algún parecido. La paz social está cada vez más en el aire porque no se atisban soluciones sino parches. Está en juego la dignidad.

La situación política nos muestra cada día su deterioro, la corrupción es un pozo sin fondo, no ceja, la contumacia de los soberanistas en Cataluña presenta cada día una nueva ruptura con la Constitución, el bloqueo del partido en el Gobierno a las proposiciones legislativas aprobadas por una mayoría en el Parlamento encona cada vez más la política y las manifestaciones se multiplican. Especialmente las que reclaman la igualdad entre mujeres y hombres, que reivindican la lucha contra el machismo, la ruptura del llamado techo de cristal salarial, la acaparación por los hombres de cargos en los estamentos de la administración, en los consejos empresariales, en los organismos judiciales, sanitarios? en detrimento de las mujeres, mayoritarias en casi todos los estratos de la sociedad. Si antes los sindicatos eran el motor de toda reivindicación, hoy su fuerza ha decaído, lo mismo que su afiliación. Entre otras cosas por la vigencia de la ley laboral implantada con la mayoría absoluta del Partido Popular.

Sin embargo, la menor influencia sindical la recogen hoy amplios colectivos como los pensionistas y, sobre todo, las mujeres. Piden dignidad. Más de la mitad de la población se ha cansado de ser un estamento pasivo, de no alcanzar la cuota de poder que le corresponde, tanto por derecho como por calidad ética, moral, intelectual y ejercicio práctico. Del papel secundario que desarrolla cuando puede ejercer el poder que da ser mayoritarias en la Universidad, en la enseñanza, en la sanidad, grandes factorías, en las entidades bancarias, en las redacciones de los medios de comunicación, en la judicatura? en la sociedad.

La comunidad acomodaticia que se formó con la sociedad del bienestar empieza a resquebrajarse con la crisis. Y al prolongarse ésta y agrandarse la precariedad de los estamentos medios y bajos la paciencia de éstos se agota. El populismo es el peligro que crece al disminuir el bienestar, el poder de sindicatos y asociaciones profesionales y las prestaciones sociales.

Creo que pensionistas (cada día llenando plazas), mujeres (cada día tres denuncias por violación en España) y otros muchos colectivos afectados por la precariedad política, ética, social, económica, son la nueva fuerza que hace moverse a la sociedad. Porque quienes corríamos delante de los «grises» tras cantar Raimon el «Al vent» en Económicas, símbolo del romántico Mayo del 68 en España, somos ahora pensionistas, mujeres y hombres («somos mayores pero no viejos») que buscábamos el final de la dictadura y la implantación de esta democracia, que sobrevive a sobresaltos, sudores y lágrimas. El Mayo del 68 que significó cambios en la sociedad ha madurado, puede resurgir entre mujeres, pensionistas, precarios trabajadores, estudiantes? Con permiso de Antonio Machado, Hoy es Mayo todavía.

Publicado el martes 22 de Mayo de 2018 en LA NUEVA ESPAÑA

http://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2018/05/22/hoy-mayo-todavia/2290309.html

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