Contra el boicot a los productos catalanes tras el intento independentista
Ya son miles las empresas que han decidido marcharse de Cataluña. Estos terribles titulares que a diario anuncian los medios de comunicación traen una alegría para unos y una tristeza para otros. Lástima que esto ocurra. No solamente significa un fracaso colectivo que abunda en la separación de personas sino que agudiza el conflicto, hace crecer el odio y enfatiza el rencor entre partidarios de uno y otro bando, entre seguidores de ambas tendencias e ideologías. En realidad es malo, lo peor para todos. ¿Queremos la separación de Cataluña o que se quede en España? Un poco de coherencia.
El encono entre contribuyentes está animando a muchos compradores a rechazar la adquisición de productos del opuesto, a no comprar bienes creados o elaborados por el contrario sin pararse en si es bueno o malo el género. Lo que puede llevar a la ruina a productores no implicados en el conflicto, generalmente a las pequeñas y medianas empresas que no intervienen en el contencioso. A quienes producen efectos inocuos respecto a la polémica. Y entre ellos a productores que piensan igual que el posible comprador o no interfieren nada en la situación política.
Porque boicotear un producto catalán, como hay muchas propuestas, puede significar arruinar a un colega, penalizar a un correligionario, un compañero que nada tiene que ver con la situación creada. Alguien que está de tu lado y sufre por el acoso de un contrario ideológico. Y es que el conflicto de Cataluña lo generan unos políticos que poco defienden a la gente de a pie.
¿Queremos que Cataluña sea España? No podemos pretender que permanezca dentro del Estado español si le boicoteamos, si pedimos su ruina. Las llamadas a secundar el rechazo son el mayor signo antidemocrático, la forma más perversa de expulsión. Con esos métodos no se defiende la legalidad ni la legitimidad de una ley. Se promueve hostilidad y rebeldía hacia la legislación y se empuja a la ilegalidad.
Josep Borrell, catalán antiindependentista, exministro socialista, expresidente del Parlamento Europeo y demoledor desmontador de las teorías económicas que ensalzan los beneficios de una Cataluña independiente, teorías que predican los partidarios de una república fuera de España, ha propuesto detener ese boicoteo que perjudica tanto a soberanistas como a partidarios de la españolidad catalana. «Hay que reconstruir el afecto, si no nos sentimos parte del mismo colectivo humano es imposible apelar a constituciones, leyes y normas, hemos roto la pequeña convivencia», señaló en un programa de televisión.
Ingeniero aeronáutico, máster en Investigación Operativa por la Universidad de Stanford (California) y en Economía de la Energía por el Instituto Francés del Petróleo en París, doctor en Ciencias Económicas por la Complutense y catedrático en excedencia de Matemáticas Empresariales, este experto en presupuestos y hacienda vaticina «un crack económico que a algunos parece no importarles», que afectará igual o tanto a Cataluña como a España, y pide que se «empiecen a construir y tender puentes, que demuestren que se quieren». Borrell, que califica como «catastrófica la gestión de la crisis en Cataluña que ha hecho el Partido Popular» y abomina de la política del Govern que «reclama democracia con una mano y violan sus propias leyes con la otra», reclama la búsqueda de la concordia para atraer a Cataluña al conjunto de España, desterrar los reproches a los catalanes. Defiende el acercamiento de ambas tendencias pues una mitad de los catalanes no desea la separación, quieren ser españoles, convivir con sus paisanos sin discriminarse por las ideas. Las pequeñas empresas son el tejido aglutinador de la convivencia. Su desaparición será la ruina social, de todos.
(N.B. La deriva independentista catalana también está generando ya en reductos de la derecha un nuevo rechazo al estado de las autonomías que puede engendrar una tendencia al retroceso centralista y fuerte resistencia a las propuestas federalistas).
Publicado el viernes 10 de noviembre de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA
http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/11/10/llamada-razon/2191140.html