Pepín y los quesos

Homenaje a José Comas y al delicioso gran Gamonéu de Picos de Europa

Pepín aprovechaba cualquier disculpa y viajaba desde los puntos más lejanos para ver al Sporting. Desde Argentina, desde Polonia, desde donde estuviese como enviado especial, si el Sporting se le ponía a tiro, allí se presentaba Pepín. Era alto, corpulento, vamos, llenaba la escena pero así, por Pepín, le conocían sus allegados. Y si era uno de los más acérrimos seguidores del Sporting también era el mejor propagandista de los quesos de su tierra. Y siempre se presentaba en la redacción con un cargamento de productos de las riberas del Sella y sus cercanías. Principalmente gamonéu.

Los asturianos del periódico nos distinguíamos por nuestra expansión gastronómica y la exteriorización de nuestra procedencia, la manifestación de nuestra idiosincrasia, la belleza de nuestro paisaje y la peculiaridad de las gentes del Principado. Unos pregonábamos el paraíso natural unas veces con quesos, otras con empanadas, con huevos cocidos, fritos de pixín o tortilla de merluza, según las circunstancias. Otros repartiendo apuntes turísticos para quienes pretendían pasar unas vacaciones en Asturias, ofreciendo rincones secretos para disfrutar en nuestros montes o playas. Pepe Comas era el rey de los quesos. «¿Qué queso es este, Pepe?», solía preguntarle la gente. Y el gran periodista de Cangas de Onís, moldeado en informar de muchas batallas, contestaba: «Tu pruébalo, es azul, suave y mantecoso. Ye quesu de mi tierra, ye gamonéu». Y remataba: «El mejor queso del mundo».

Y quien fuera corresponsal en Berlín, en Buenos Aires, en México, corresponsal-analista en los países del Este europeo, informador desde dentro de la Polonia aislada de Jaruzelski o de los bombardeos sobre Belgrado de la OTAN, José Comas Vega, el hijo del farmacéutico de Cangas, llevaba su queso por el mundo. El queso que al comienzo del otoño sale de feria, de mercado, de festival. El que se saborea estos días.

Ese gamonéu que alguien dijo que era la «reproducción en miniatura de los colores de la geografía de Asturias». Esos gamoneos del Puerto o del Valle que se elaboran principalmente de junio a septiembre y que salen de las cabañas de Picos cuando llega el otoño. Ese gamonéu artesano que madura en la cueva, con una humedad en torno al noventa por ciento y entre una temperatura que oscila de los ocho a los diez grados, ya sea en la Majada de Belbin o en los valles de Onís y Cangas de Onís.

Hace ya diez años que Pepín (descansa en paz, compañero) fue galardonado con un premio internacional, proeuropeo, muy de acuerdo con su pensamiento expansivo. La Asociación de Periodistas Europeos, que precisamente ahora preside otro periodista de Cangas de Onís, José Antonio Diego Carcedo, le otorgó el Premio Salvador de Madariaga para «reconocer los mejores trabajos periodísticos que hayan contribuido a resaltar los valores básicos, las realidades comunes y los proyectos acometidos por la Unión Europea». Personalmente creo que merecía también un reconocimiento internacional a su labor de propagación de los quesos asturianos y principalmente el de su patria chica.

Teníamos una costumbre en la redacción, que llegamos a celebrar cada año en una fiesta los asturianos que trabajábamos en la empresa, y era llenar de buenos quesos el ambiente. Eran productos emblemáticos del Principado, pregonando la gran mancha quesera que representa Asturias en Europa. Y Pepe, espléndido, era capaz de viajar desde cualquier punto lejano con el fin de invitar a un buen gamonéu.

Publicado el sábado 14 de octubre de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/10/14/pepin-quesos/2177534.html

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *